El ruido mudo (Un lugar tranquilo)

Silencio. No se debe escuchar nada. Los cristales deben almohadillarse. Las lágrimas deben ser ahogadas con un mordisco en los nudillos. Los gritos tienen que ser mudos. Las pisadas tendrán que convertirse en huellas fantasmales. Silencio. Palabra que significa vida y defensa. Agua que corre en el inmenso cariño de una familia que lucha por la supervivencia intentando protegerse unos a otros. Quimera imposible ante un nacimiento. La muerte desea ruido. Y el silencio mata a la muerte. Silencio.

Todo debe ser pensado y la comunicación fluye a través de signos. Con eso no contaba el enemigo. No pueden ver sin ruido. No saben moverse sin algún estruendo que les guíe. Silencio. El invasor se desliza entre las sombras y está buscando las últimas presas para que ese mundo que un día estuvo inmerso en el escándalo vuelva al silencio sepulcral del que nunca debió salir. Silencio. Quizá sea el que se antoja necesario cuando una sordera se hunde en la culpabilidad y el miedo comienza a ser dominado. El miedo siempre crece cuando hay silencio a su alrededor, por eso la noche es tan temida. Ya nada es lo que era. El agua se ha convertido en grano y el ruido, en agua. Tranquilo, todo es una cuestión de dominio. Silencio. Guarda silencio. No te muevas. El horror te busca y el silencio te cubre.

Hay que reconocer que el actor y director John Krasinski ha realizado un excelente trabajo con esta historia sin apenas diálogo y buscando el pavor y el alivio en el rostro de los protagonistas. Emily Blunt resulta eminente como esa mujer que se sobrepone al dolor y lo contesta con un aterrador silencio lleno de sangre y amor. La tensión se siente durante toda la película y parece que no hay demasiadas salidas para encontrar un respiro para gritar. La mesura se halla en los sustos y la inquietud no deja de revolotear durante esa larga noche de luces blancas y rojas a través de una maravillosa sobriedad tras las cámaras y una estupenda banda sonora de Marco Beltrami. Silencio. Cállense. No digan nada. Sólo vayan a verla. Saquen sus conclusiones. Y luego díganme si serían capaces de vivir así con tal de no morir.

Y es que el terror es algo difícil de contener cuando se trata de una historia planteada con sus hechos consumados, de origen desconocido, pero suponible. Se intenta mantener la cabeza fría y acudir a la imaginación para sortear los peligros que se esconden el bosque, en los maizales, porque es como si los peores sueños se hicieran realidad. Stephen King planea sobre la historia como referencia clara y las reacciones se presentan naturales, como si esos personajes que buscan la vida ante todo pudiéramos ser nosotros. El ruido debe ser mudo. Silencio. Contengan sus gritos de pánico. La muerte se halla al otro lado de las ondas sonoras y no hay escapatoria. Es conveniente que mi opinión se apague y se deje paso al vacío, no vaya a ser que atraigamos a las criaturas más indeseables. Y hay que conseguir que al lado esté esa persona que lo haría todo por ustedes. Sus lágrimas valen vidas. Su valor llora días. Su tiempo se abraza con fuerza a su amor. Y su amor es usted. Lo demás no tiene importancia. ¿Y saben por qué? Porque, si esa persona está ahí, se puede vencer a todo. ¿Se lo van a perder? Shsss…silencio…

César Bardés